La piel auténtica posee cualidades únicas, como su duración y magnífico envejecimiento. Pero para ello precisa de unos cuidados específicos, basados en dos operaciones: Limpieza y tratamiento.
Como pauta general, el tapizado debe limpiarse y tratarse con los productos adecuados como mínimo una vez cada seis meses. Este intervalo se reducirá para productos sometidos a uso intensivo o ubicados en entornos con sequedad ambiental. Cuestión aparte son las manchas accidentales, ya que en este caso deberá procederse a la limpieza inmediata para tratar de minimizar los daños.
- Limpieza. En caso de una mancha reciente, trate primero de absorber al máximo la mancha con ayuda de papel y sin presionar, evitando que la mancha penetre más. Para la limpieza propiamente, aplique sobre el tapizado y sin frotar una esponja suave, ligeramente humedecida con una solución de agua fría y 5% de jabón neutro. Enjuague con un paño aclarado en agua limpia y, si al finalizar hay exceso de humedad sobre el tapizado, sequelo con un paño suave.
- Tratamiento. Sobre un tapizado ya limpio, el tratamiento aporta a la piel los elementos nutrientes necesarios para evitar su deterioro. Recomendamos sumamente que el producto aplicado contenga elementos de protección aparte de la simple hidratación, ya que prevendrá la decoloración, roces y manchas más eficazmente.